lunes, 25 de abril de 2011

Una histeria innecesaria, así como descabellada, abandoné cuando te vi. Sentí una súplica de ayuda para ir juntos a la luna. Con el tiempo me enseñaste qué es el amor, y que en la cama no hay restricción. Hoy sé que no debe existir placer como admirarte reir. Nunca va a haber otra mujer que me ame así. Lo hago para estar más tiempo donde siempre soy feliz: en tu espalda. Y yo voy a sonreir mientras las sábanas que cubren nuestros cuerpos. no dejen escapar el fuego que se encendió por nuestras pieles haciendo fricción. Arraigados de pasión, tendré que enterrarme en el sol para volver a sentir ese calor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario